Eugenio María de Hostos realizó traducciones en distintos momentos de su vida para ganarse el sustento y para dar a conocer autores y textos que estimaba significativos. Sus versiones incluyeron textos literarios, trabajos filosóficos, y cartillas didácticas. Es interesante observar que, de los textos que tradujo, sólo se conservan los trabajos que aparecieron en revistas o periódicos, pero no así los libros que tradujo para varias editoriales.
Hostos comenzó a hacer labor de traductor en Madrid para la Librería Durán hacia 1865. Tradujo del francés al español el tratado sobre La justicia, de Pierre-Joseph Proudhon, que, tratándose de uno de los anarquistas más influyentes del siglo 19, dejaría en el pensamiento de Hostos una huella significativa. En más de una ocasión se benefició intelectualmente de las tareas de traducción que realizó, pues le permitieron conocer y profundizar el estudio de influyentes pensadores. Mientras Hostos vivía en Barcelona en 1867, se publicó en París el libro de Paul de Saint-Victor (1827–1881) Hommes et Dieux (Hombres y dioses), del cual tradujo, un breve y hermoso texto sobre el personaje don Quijote (“Don Quichotte”, en francés), para la revista Las Antillas.[1]
En 1875, en Nueva York, en momentos de gran estrechez económica, su joven amigo Antonio Molina le consiguió un empleo de traductor en la prestigiosa editorial Appleton, donde también trabajaría Martí algunos años después. Por aquel entonces esa casa editora comenzaba su exportación y venta de libros a los países hispanoamericanos.
En el Diario 2, de Hostos, se puede leer sobre las dolencias físicas y las preocupaciones que le causaban su tarea de traductor:
Trabajo enormemente y sufro mucho del dolor de los escritores, una especie de congestión muscular del omóplato derecho. […] En lo que hace a las traducciones, tengo que escribir y traducir a lo menos cien páginas por semana. Y, además, hay que reformar y combatir por la reforma. Es una historia universal lo que me he comprometido a traducir. Y como es del todo contraria a mis ideas y además está destinada a la educación de la juventud, tengo que esforzarme por vaciar mi pensamiento en la horma de otro y tratar de servir a la juventud americana al mismo tiempo que procuro no intimidar el punto de vista enteramente mercantil de la casa editorial.
De la descripción que hace Hostos en su Diario del libro que tradujo al español para la Appleton y otros datos que recogemos en la internet, se deduce que se trataba de Manual de Historia antigua y moderna (A Manual of Ancient and Modern History), un extenso volumen del periodista e historiador irlandés William Cooke Taylor (1800-1849), publicado por esa editorial en 1845.
Hostos también tradujo al español para la Appleton el libro del filósofo francés François Fénelon (1651-1715), titulado Tratado sobre la educación de las hijas (Traité de l’éducation des filles, en francés). En su discurso “La educación de la mujer”, es notable su aprecio por ese pensador que defiende la capacidad de educarse de la mujer. Hostos trabajó poco tiempo durante esa primera contratación con la Appleton, pues a fines de abril de 1875 se integraría a la frustrada expedición militar del barco Charles Miller a Cuba, organizada por el general Francisco Vicente Aguilera. Pero algún tiempo después continuaría sus traducciones para esa editorial, transvasando al español una serie de cartillas científicas de Astronomía, Física, Química y Geografía física.
Hay un detalle en el Diario de Hostos que nos permite caracterizarle como un tele-traductor, o traductor a distancia. Un comentario suyo nos da noticia de un dato hasta ahora desconocido. En los años de 1870 concertó con la Appleton House, que enviaran los documentos que debía traducir a Puerto Plata, los traducía allí y los remitía a la editorial en Nueva York por correo marítimo. En julio de 1898, Hostos regresó a Nueva York e intentó restablecer contacto con la editorial Appleton para ofrecer de nuevo sus servicios de traductor, pero no pudo reanudar allí esa labor.
En la década del 1880, en Santo Domingo, Hostos tradujo fragmentos del libro de Víctor Hugo, William Shakespeare, que aparecieron en el periódico dominicano El Eco de la Opinión. Al parecer, traducir a Hugo le pareció fastidioso, como lo describe entonces en un artículo, por lo que decidió desistir de continuar la traducción.[2]
Hostos traducía también con el propósito de compartir textos escritos en otras lenguas que le parecían significativos. En el 1899, en Puerto Rico, tradujo para el periódico mayagüezano El Imparcial el “Discurso de Gettysburg”, del presidente Lincoln. Y en su última estadía en Santo Domingo tradujo varias comedias de Pierre Corneille, que se publicaron en la revista El Normalismo, en 1902, pero que no fueron recogidas en sus Obras completas.[3]
Presentación por el Dr. Orlando José Hernández.
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Referencias sobre el tema:
Hostos, Eugenio María de. “¡Qué cosa tan fastidiosa es traducir a Víctor Hugo!” En Hombres e ideas, Obras completas 14: 113-118.
Comisión Pro Celebración del Centenario del Natalicio de Eugenio María de Hostos, América y Hostos, Habana: Cultural, 1939.
Rodríguez Demorizi, Emilio. Hostos en Santo Domingo, vol. 2. Santo Domingo: Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 2004.
[1] Revista Las Antillas, Año I, Núm. 10, 25 de abril de 1867.
[2] Ver su artículo: “¡Qué cosa tan fastidiosa es traducir a Víctor Hugo!”, en las O.C.-39, Vol. IV, Hombres e ideas, 113-118.
[3] En “De teatro nacional”, se citan las traducciones, pero no se incluyen en ninguna de las dos ediciones de sus Obras completas. Para las O.C.-39, Vol. IV, Hombres e ideas, p. 138 y nota supra 1.